Who are the stakeholders of journals and how can their needs be met and balanced
Getting your paper published
Writing a news story
Authorship issues
Managing conflicts of interest, particularly in relation to the pharmaceutical industry
Dealing with research misconduct
Editorial independence, accountability, and misconduct
Optimal peer review
Advocacy: changing the world
Relating to the media: a press conference and an interview on live television
Being an editor, sitting on an editorial board
Business aspects of journals
Scenario planning. What future for journals?
Aunque el programa tenga un enfoque inicialmente biomédico creo que puede ser interesante para revisores y miembros del equipo editorial de cualquier revista científica. Aunque en menor medida, también para lectores y autores. Si os interesa ayer comenzó el plazo de inscripción. Os repito el enlace:
Estos días me encuentro en plena efervescencia de la convocatoria de ayudas de la Acción Estratégica en Salud, así que puestos a contaros algo va a tener que ser sobre esto, porque tampoco tengo tiempo de estar al día con otras cosas (ni para desayunar con los amigos tengo tiempo).
La semana pasada uno de los evaluadores me pidió que le diera una vuelta a los curricula de los investigadores solicitantes para estudiar la posibilidad de calcularles el índice h. Finalmente hemos descartado la posibilidad para este año por varias razones que expondré a continuación, aunque no descartamos su uso, de manera experimental, para futuras convocatorias. Su uso, desde luego, pasaría por solicitarles a ellos que nos remitan su índice h calculado y que nosotros realicemos las comprobaciones de verificación oportunas o que nos proporcionen un curriculum completo (con todas sus publicaciones, desde el principio de los tiempos hasta hoy) para que nosotros se lo calculemos partiendo de las publicaciones explicitadas.
Las razones para no realizar el cálculo son varias:
Problemas de atribución de la autoría: Te encuentras con autores que firman como Martin L (es un ejemplo ficticio) y que utilizando la herramienta que Web of Science ofrece ahora, Distinct Author Sets, localizas 190 conjuntos. Además te encuentras con los habituales problemas de firma que tampoco soluciona esta magnífica herramienta.
El curriculum disponible: En relación con el problema anterior, no disponemos, además, de un curriculum completo que nos permita verificar cuales son sus publicaciones y cuales no lo son. Hasta el momento les solicitamos los artículos del primer cuartil publicados en los últimos cinco años.
Heterogeneidad: No es un problema en sí mismo, pero es algo que hay que estudiar en profundidad y con tiempo; los solicitantes son heterogéneos, hay investigadores con una corta experiencia junto a científicos de amplia trayectoria (ya sabemos del comportamiento del indice h en este sentido) y hay científicos clínicos y básicos, hepatólogos y especialistas en nanomedicina, neurólogos, psiquiatras, cardiólogos (también sabemos que el índice h, y los hábitos de citación en general, varían de una especialidad a otra).
Tiempo: Todo esto requiere tiempo de preparación y de ejecución. Para la preparación tenemos fuentes interesantes (Rodríguez Navarro, 2007) que no hemos podido terminar de leer y para la ejecución necesitamos tiempo o personal (y este año ninguna de las dos variables se encuentra en suficiente abundancia, aunque todos sean muy eficientes, que lo son y mucho).
Conclusión: este año los evaluadores no podrán apoyarse en este indicador (como uno más de los muchos que se usan). Ya veremos el que viene por dónde estamos y si podremos o no abordar el experimento.
Buscando a otros autores me reencuentro con un artículo de Camí del que extraigo la información sobre el origen y definición del término impactolatría (Camí, 1997). La definición:
[…] culto o adoración incontinente al FI [factor de impacto] como si se tratara de la panacea de la evaluación en ciencia. La impactolatría conlleva una práctica simplista en la que se presupone que el FI de la revista de publicación es indicativo de la calidad o importancia de una investigación científica concreta y, por extensión, de los autores de ésta.
La autoría se la atribuye Camí a Eduardo Rodríguez Farré, de quien dice haber tomado prestada la palabra y a quien califica de científico perspicaz y gran conocedor del sistema ciencia-tecnología, al que debemos ésta y otras ocurrencias.
Son curiosas estas coincidencias. Me topo con el artículo en estos días en los que se habla de la fuga de material radiactivo en Ascó. Eduardo Rodríguez Farré es, además de conocedor del sistema ciencia-tecnología, un experto que siempre se ha declarado en contra del uso de este tipo de energía.
El jueves pasado asistí a la Jornada Retos actuales en la publicación biomédica. En realidad no era más que la mera excusa para presentar y distribuir entre los asistentes la guía Cómo publicar en nature y en las revistas de nature publishing group. No repartieron bolígrafos ni carpetas y yo, que venía con lo puesto (y el libro que me estoy leyendo ahora), no pude tomar notas de todo lo expuesto en la jornada, así que en esta ocasión seré más breve que en anteriores crónicas.
Tras las presentaciones formales a cargo de Carlos Martínez-Alonso, Presidente del CSIC, Flora de Pablo, Directora del Instituto de Salud Carlos III (y por tanto mi jefa), Fernando Peláez, Director del Centro de Investigación Básica de España (CIBE) de Merck Sharp & Dohme (MSD), y Lucía Ferreirós, Directora General de Nature Publishing Group Iberoamérica, los patrocinadores del evento, arrancó la jornada Jordi Camí, quien nos habló sobre La responsabilidad de los científicos ante los nuevos paradigmas de la ciencia del siglo XXI. De su presentación me impactó una gráfica en la que se mostraba la distribución de autores por artículo y su evolución con el paso del tiempo (muestra cómo, de forma acusada, se va reduciendo el número de obras individuales y la ciencia va siendo cada vez más una empresa colaborativa, social). Habló también del Código de buenas prácticas científicas, del compromiso ético de los científicos, del impacto mediático de su trabajo, de la imagen social del científico. Lástima que al final le metieran prisa para acabar a tiempo. Muy interesante.
Después vino la presentación de la guía (a la que no tuve acceso hasta el final del acto y que hasta ahora no he abierto) a cargo de la anteriormente mencionada Lucía Ferreirós. La guía se divide en dos partes. Una primera parte explica cómo escribir un artículo científico y cómo hacerlo para una revista del grupo, la tipología de artículos, el modo de presentación de las contribuciones y el proceso y la política editorial. La segunda parte recopila un buen número de editoriales traducidos al español y que versan sobre temas muy interesantes (me interesan mucho) como la declaración de conflictos de interés, la manipulación de datos, el fraude en ciencia, etc.
A partir de aquí fue más interesante de qué no hablaron los que intervinieron. Juan Carlos López, Director de la revista Nature Medicine habló sobre los Mitos y realidades sobre cómo publicar en Nature. De su intervención me llamaron la atención dos datos: reciben 10.000 manuscritos al año, de los que únicamente publican unos 900 y, si permitieran pagar a los autores para permitir el acceso gratuito a su artículo, la broma les saldría por unos 15.000 dólares por artículo. Me llamó la atención la prepotencia yankee de su discurso. Me explico: desde la posición del más fuerte en el negocio, le da igual si a alguien le parece mal o bien el factor de impacto, le preocupa poco o nada la polémica sobre el Open Access, le da igual si a alguien le parece cara su revista y ante el dilema de que pueda rechazar un artículo clave para el avance de la ciencia mostró una tranquilidad absoluta (si a mí se me escapa, seguro que acaba en otra revista -como la mayoría de lo que rechazan-).
La siguiente intervención fue de Félix de Moya quien, a pesar de que el título de su intervención era Análisis bibliométrico del impacto de la producción científica, dedicó su esfuerzo a explicar los problemas que se le atribuyen al factor de impacto y a explicar su alternativa, el SCImago Journal & Country Rank. Desgraciadamente el tiempo también se le echó encima a él y no acabó de explicar con la profundidad que muchos esperaban las posibilidades de esta herramienta.
Culminó la Jornada con una mesa redonda en la que intervinieron Fernando Alonso, Editor Jefe de la Revista Española de Cardiología, Ángela Nieto, miembro del comité de publicaciones de EMBO y Rafael Gabriel, editor de la edición española de Evidence Based Medicine. El primero habló de los objetivos alcanzados por su revista y los retos de cara al futuro. La segunda habló, entre otras cosas, de las facilidades que nos ofrece la tecnología para vigilar y evitar los fraudes científicos y para mejorar la información ofrecida en nuestras publicaciones. El tercero y último trató de desmontar la impactolatría dominante en ciencia con un ejemplo de una investigadora clínica que quería que su investigación fuera publicada en una revista de impacto para poder acceder a una plaza y cómo él demostraba que lo realmente importante no era publicar en una revista con factor de impacto, era que sus compañeros de profesión adquirieran el conocimiento que ella aportaba y que esto se conseguía por otros medios. Hubo a quien convenció el discurso. A mí no del todo; no explicó si, después de hacerle caso, conseguía la plaza o no se la daban por no tener publicaciones de impacto.
Y lo mejor vino después, cuando pude hablar con varios asistentes (Juan Manuel, Andrés, Tono) de temas relacionados con el mundo de la edición científica. Os dejo con un cutre vídeo que he encontrado sobre la jornada:
Se trata de un blog científico-humorístico de lo más serio que parte de una idea bastante original: hablar de esa ciencia poco recompensada que aparece en los medios de comunicación casi como el chiste diario que hay que incluir porque es lo tradicional. El nombre del blog parte de una frase aparecida en un artículo de Arturo Pérez Reverte: La ciencia -bombas atómicas y doctor Mengele aparte- es sin duda fuente de innumerables bienes para la Humanidad doliente; pero también, cuando se pone estupenda, termina convirtiéndose en una incómoda mosca cojonera. En resumidas cuentas nos hace reseñas con su puntito de humor de artículos científicos que no sabe uno si tomarse en serio o en broma. Pues eso, un blog estupendo.
En ella Tempest afirma que el éxito del factor de impacto se debe en gran medida a que a la gente le encanta reducirlo todo a un número (lo mismo le pasa con el índice h) y cuenta algún ejemplo de uso indebido del factor de impacto como indicador para evaluar a los investigadores de manera individual aunque a continuación se felicita por el uso cada vez más persistente del índice h para realizar este tipo de evaluación (señala, eso sí, que hay quien interpreta los indicadores de manera equivocada y desconoce las limitaciones que todo indicador tiene). Luego asegura que Elsevier no trata de manipular sus factores de impacto, que nunca han colaborado con los directores de las revistas para incrementar estos valores. La mejor forma de aumentar el factor de impacto de sus revistas es publicando los mejores artículos.
Me encanta cuando cuenta que hay gente del gremio que espera la fecha en que se publican los factores de impacto (junio) con mayor expectación que la llegada de las Navidades. Y después se dialoga sobre las prácticas habituales para aumentar el factor de impacto:
la autocita (saludable cuando se usa correctamente)
la manipulación del tipo de artículo (aumento de numerador y reducción del denominador)
la publicación de más artículos de revisión (afirma que es una manipulación legítima)
la publicación de los mejores artículos al comienzo del año (dice que sólo se obtiene un pequeño incremento)
Pero esto es mi resumen, igual os interesa leerlo entero (arriba teneis el enlace).
Aunque ya lo han contado anteriormente en SIGMETRICS (el propio Francis Narin) e Isidro Aguillo lo volvió a contar en IWETEL, no me resisto a recomendaros este libro:
Hasta la saciedad hemos escuchado voces que defienden la eliminación de las autocitas en los análisis de citas como medida para evitar el engorde de las citas de manera deliberada. Un reciente estudio (Fowler, 2007) demuestra que las autocitas favorecen las citas externas. Aseguran en dicho trabajo que cada autocita lleva aparejadas 3,65 citas de otros durante los siguientes diez años.
Una de las explicaciones dadas es que las referencias de un trabajo interesante para un investigador pueden ser el punto de partida de una búsqueda bibliográfica, y en este sentido las autocitas favorecen la visibilidad de los trabajos del autor (de la misma manera que favorece la visibilidad de los trabajos ajenos que aparecen en la misma bibliografía).
Y si las autocitas aumentan las citas ajenas, aunque quitemos las autocitas, los trabajos de dicho autor se verán favorecidas por las citas ajenas generadas como consecuencia del aumento de visibilidad. Y ahora la cuestión es ¿quitamos las autocitas? ¿restamos 3,65 citas por cada autocita? ¿Mantenemos todas las citas y tratamos de dilucidar con la ayuda de expertos qué citas tienen sentido y qué otras tienen intención?
Fowler, James H. y Aksnes, Dag W. Does self-citation pay? En: Scientometrics. v. 72. n. 3. (2007). [Consulta: 13 de marzo de 2008].
El final del segundo de los artículos que comenté en el post anterior (López Piñero, 1992b) habla sobre los colegios invisibles. López Piñero traduce de Price la siguiente definición:
grupos que trabajan en un campo científico parecido y que se comunican mutuamente por algún medio informal distinto de las revistas comerciales
También traduce que constituyen:
la minoría jerárquica que resulta de una esperable desigualdad, siendo aproximadamente la raíz cuadrada de la población que trabaja en el correspondiente frente de investigación
Y que:
el fenómeno comienza a entenderse como un mecanismo desarrollado automáticamente por la comunidad científica
Crane, Diana. Invisible colleges: diffusion of knowledge in scientific communities. Chicago: University of Chicago Press, 1972.
Crane, Diana. Social Structure in a Group of Scientists: A Test of the “Invisible College” Hypothesis. En: American Sociological Review. v. 34. n. 3. (1969).
Crawford, Susan. Informal communication among scientists in sleep research. En: Journal of the American Society for Information Science. v. 22. n. 5. (1971).
Price, Derek John De Solla. Hacia una ciencia de la ciencia. Barcelona: Ariel, 1973.
Price, Derek John De Solla. Networks of Scientific Papers. En: Science. v. 149. n. 3683. (1965). [Consulta: 5 de marzo de 2008].
Price, Derek John De Solla. Science since Babylon. New Haven: Yale University Press, 1961.
Price, Derek John De Solla. Some remarks on elitism in information and the invisible college phenomenon in science. En: Journal of the American Society for Information Science. v. 22. n. 2. (1971).
En la carpeta de la que os hablaba en Bibliometría, calidad científica y subjetividad, también guardaba desde hace tiempo cuatro joyas de los noventa grapadas juntas (López Piñero, 1992a, b, c y d). Aun no me los he leido todos, pero en el primero de ellos me he encontrado con un párrafo que me recuerda al que os mencioné de Ferreiro. Dice así:
[…] los indicadores bibliométricos son primariamente datos numéricos sobre fenómenos sociales de la actividad científica relativos a la producción, transmisión y consumo de la información en el seno de comunidades determinadas. En modo alguno pueden considerarse como mediciones de importancia y menos de calidad, y su utilización está condicionada en las evaluaciones por contextos siempre muy complejos de los fenómenos sociales a los que cada uno de ellos se refiere.
Está expresado de una manera más farragosa, pero viene a abundar en la misma idea. Esto para abrir boca. Los artículos completos están accesibles y os recomiendo su lectura.